1 may. 2014

Nacemos meditado­res, después aprendemos los caminos de la mente.

       "La meditación es el estado natural que hemos perdido. Es un pa­raíso perdido, pero se puede recuperar. Mira en los ojos ino­centes de un niño, mira y verás un silencio tremendo, una inocen­cia. Todos los niños nacen en un estado meditativo, pero son iniciados en las costumbres de la sociedad; hay que enseñarles a pensar, a calcular, a razonar, a discutir; hay que enseñarles palabras, el idioma, los conceptos. Y poco a poco pierden contacto con su pro­pia inocencia. Se han contaminado, han sido polucionados por la sociedad. Se vuelven mecanismos eficientes; ya no son hombres.
     Lo único que se necesita es recuperar de nuevo ese espacio. Lo has conocido antes; por eso, cuando por primera vez conozcas la meditación, te sorprenderás, porque tendrás la sensación de que ya la conocías. Y ese sentimiento es verdadero: lo has conocido antes. Lo has olvidado. El diamante se ha perdido entre montañas de basura. Pero puedes destaparlo, encontrarás de nuevo el diamante; te pertenece.
        No se puede perder: sólo se puede olvidar. Nacemos meditado­res, después aprendemos los caminos de la mente. Pero nuestra verdadera naturaleza permanece escondida en algún lugar como una corriente subterránea. Cualquier día excavas un poco y en­cuentras la fuente todavía manando, el manantial de aguas frescas. Y la alegría más grande de la vida es encontrarla".

OSHO, El libro del niño. Una visión revolucionaria de la educación infantil
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