14 may. 2014

Una persona realmente inteligente es un detector de basura. En el momento en el que dice algo, inmediatamente sabe si es im­portante o si sólo es excremento de vaca sagrada.

"Un entrevistador preguntó a Ernest Hemingway:
-¿Existe algún ingrediente esencial, que usted pueda identifi­car, que hace grande a un escritor?
Hemingway, respondió:
‑Sí, lo hay. Para ser un gran escritor, una persona necesita te­ner en su sistema un detector de basura a prueba de golpes.

Y esa es mi idea de la verdadera educación. Los niños deben de ser enseñados, disciplinados, de modo que puedan detectar la ba­sura. Una persona realmente inteligente es un detector de basura.
En el momento en el que dice algo, inmediatamente sabe si es im­portante o si sólo es excremento de vaca sagrada.
La evolución de la conciencia humana no es más que una larga historia de lucha en contra de la veneración a la basura. La gente continúa adorando, venerando la basura. El 99 por 100 de sus creencias son sólo básicamente mentiras. El 99 por 100 de sus creen­cias son antihumanas, antivida. El 99 por 100 de sus creencias son tan primitivas, tan bárbaras, tan completamente ignorantes que es increíble que la gente siga creyendo en ellas.
La verdadera educación te ayudará a abandonar todas estas bo­badas, sin importar cuán antiguas, respetables y veneradas sean. Te enseñará lo real. No te enseñará ninguna superstición, sino cómo vivir más feliz. Te enseñará un sí a la vida. Te enseñará reverencia por la vida y nada más. Te enseñará cómo estar profundamente enamorado de la existencia. No será sólo de la mente, será también del corazón.
También te ayudará a convertirte en no mente. Es ésta la di­mensión que falta en la educación. Simplemente, te enseña a en­redarte cada vez más en los conceptos mentales, perdido en la mente. La mente es buena, útil, pero no es tu totalidad. También está el corazón, que de hecho es mucho más importante que la mente; porque la mente puede crear mejor tecnología, puede dar­te mejores máquinas, mejores carreteras, mejores casas, pero no puede hacerte una persona mejor. No puede hacerte más amoroso, más poético, más grácil. No te puede dar la alegría de vivir, la cele­bración. No te puede ayudar. No te puede ayudar a que te vuelvas una canción o una danza.

La verdadera educación tiene que enseñarte además los cami­nos del corazón. Y la verdadera educación también tiene que ense­ñarte lo trascendental. La mente es para la ciencia, el corazón para el arte, la poesía, la música, y lo trascendental, para la religión. A menos que la educación sirva a todas estas cosas, no es verdadera. Y ningún sistema educativo lo ha hecho todavía".

OSHO, El libro del niño. Una visión revolucionaria de la educación infantil
http://osho-maestro.blogspot.com/