29 ene. 2015

La llave maestra es la observación.

          "Todo lo que os he estado diciendo trata del arte de observar desde diferentes dimensiones, diferentes aspectos, diferentes ángulos. Toda mi enseñanza se reduce a una sola palabra: observar.
          Es lo único dentro de ti que no forma parte de la mente. Es lo único que no te pertenece, aunque pertenece a la existencia misma. Por ejemplo, yo observo mi mano, pero eso no significa que yo sea la mano. El observador está separado del objeto que contempla.
          Puedes contemplar tu cuerpo por fuera y también por dentro. Puedes cerrar los ojos y ver tu cuerpo por dentro. Está oscuro, no hay visibilidad ni claridad pero, aún así,  puedes sentir muchas cosas. Puedes sentir el latido de tu corazón. Si estás callado, podrás sentir cómo fluye la sangre por tu interior. No eres tu cuerpo.
          Observa tu mente. Los pensamientos, por muy sutiles que sean, están al alcance de tu observación. Puedes ver la expresión más leve de la mente. Y eso manifiesta una cosa: que tampoco eres la mente. Observar tus sentimientos es un poco más difícil, pero no es imposible; lo que los poetas llaman el corazón, tus emociones, tus estados de ánimo, son las expresiones más sutiles de tu personalidad. Un poco de tristeza, un poco de alegría, o quizá simplemente indiferencia... Pero incluso la indiferencia es una actitud. La observación va ahondando cada vez más.
          Más allá de tus estados de ánimo no hay nada más que observar, sólo el silencio. En ese silencio ocurre el milagro. La energía que usabas para observar revierte en ti...
          Cuando la energía que se usa para observar regresa a su fuente original... y forma un círculo, uno se conoce a sí mismo y no queda nada más que saber...
          Vuestras vidas son realmente ridículas, y la única forma de que se vuelvan sanas e inteligentes es que haya un observador en tu interior. Luego no importará que estés despierto o dormido porque el observador seguirá presente como una pequeña llama que no deja de arder. Observará tu sueño y lo que sueñas; lo observará todo. Finalmente observará también tu muerte.
          El hecho de que pueda observar tu muerte significa que no mueres. Sólo muere lo que no eras tú. La llama se convierte en tu fuerza vital, y el centro se traslada a otra forma, a otra vida. Esta llama es inextinguible. Es la inmortalidad en sí. La experiencia de esta llama es la de la iluminación. Con esta experiencia desaparecen todos los miedos.
          Sólo queda la alegría pura y un inmenso agradecimiento a la existencia. Esta gratitud es la única oración que existe..., sin palabras, pero con un profundo sentimiento de agradecimiento: "He recibido tanto sin merecerlo, sin haber hecho nada, sin ser digno de ello, pero la vida tiene mucho para darnos. Está rebosante".
          La energía de la vida es enorme, incontenible. Las personas que no están cerradas, las personas receptivas, se llenarán de todo tipo de flores, todo tipo de aromas, todo tipo de riquezas, todo tipo de misterios, todo tipo de secretos.
          La llave maestra es la observación. Y no es difícil de aprender. Es muy simple. No te imaginas que algo tan simple puede abrirte las puertas de la existencia".

OSHO, Antes del amanecer. Un nuevo día te está esperando.
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