6 ene. 2015

Sólo un meditador puede escuchar

"Una cosa es oír y otra cosa es escuchar.
Todo el mundo oye porque tiene orejas. Escuchar es algo completamente distinto. Cuando oyes la mente está haciendo miles de cosas. En el maremágnum de la mente hay muchas cosas y todo lo que oyes se pierde o se mezcla con otros pensamientos o se malinterpreta de acuerdo a viejos prejuicios. Lo único innegable es que no has oído lo que se decía. Para oírlo, tu mente tiene que estar en silencio...
          Si en tu mente hay miles de pensamientos -relevantes o irrelevantes-, aunque oigas, no escucharás... sólo un meditador puede escuchar. La mente es incapaz de hacerlo...
          El primer paso, pues, es empezar a meditar y crear un espacio interno de silencio, para que cuando estés sentada realmente estés aquí presente --sin guardarte nada-- para que pueda llegarte al corazón. Pero si sigues cerrada, será imposible.
          Si no me invitas no puedo interferir en tu ser. Para interferir en tu ser necesito que me invites y estés abierta y dispuesta a hacerlo, de lo contrario sería ir en contra de uno de los derechos fundamentales de todo ser humano. Todo el mundo debería poder permanecer tranquilo en su intimidad. Yo me quedaré esperando en la puerta hasta que me invites; ni siquiera llamaré, porque podrías abrir la puerta sin quererlo realmente. Y no tendría sentido, porque te resistirías.
          Si me esperas con las puertas abiertas y tus ojos me buscan en la distancia, confiando en verme..., si cuando me acerco --cuando oyes mis pisadas-- te alegras, entonces hay una posibilidad de comunión. Entonces podré decirte algo. O quizá no sea necesario hacerlo..., simplemente bastará con estar en mi presencia para que empiece a cambiar algo dentro de ti sin necesidad de decir nada...
          Pero si no empiezas a meditar no podrás quedarte en silencio".

OSHO, Antes del amanecer. Un nuevo día te está esperando.
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