7 feb. 2008

La realidad no se puede adaptar a mis sueños; en­tonces, me adaptaré yo a la realidad

"Alguien le preguntó a un viejo místico sufí, Bayazid, cuando esta­ba en su lecho de muerte:

-- ¿Quieres decir algo acerca del hombre, para que pueda apro­vechar?
-- Una cosa: el hombre nunca aprende --replicó.

Pasaste por muchas experiencias, ¿y qué aprendiste? Sigues igual, sigues jugando el mismo juego. ¿Observaste esto, que si­gues igual? Las situaciones pueden variar, pero el juego sigue sien­do el mismo.


Te enamoras de una mujer. En el momento en que te enamo­ras, no puedes creer que llegará un momento en que este amor desaparecerá; ¡no puedes creerlo! Es sencillamente imposible pensar que tu amor pueda desaparecer. Después, desaparece; después, te hartas de la mujer. La misma mujer que era tu sueño, tu deseo; si no la hubieras tenido, habrías llorado y gritado toda tu vida. La tuviste, la conseguiste, y tarde o temprano se instala el aburrimiento. Te sientes harto y te gustaría escapar. En ese mo­mento, nunca te pones a recordar. Nunca miras hacia atrás ni ves que esa es la misma mujer por la que estabas loco. Un día esta­bas loco por tener a esta mujer, y ahora estás loco por escaparte de su lado. Un día pensabas que era la persona más hermosa del mundo, y ahora esta misma persona es la más desagradable. ¿Con qué frecuencia piensan los maridos en matar a sus mujeres? ¿Con qué frecuencia piensan las mujeres en matar a sus maridos? ¿Con qué frecuencia piensan los niños, los niños pequeños, en matar a sus padres?...

Llega un momento en que el amante quiere matar a la amada.

Y ella era el objeto de todos sus deseos, de todos sus sueños, de toda su poesía. ¡Con qué alegría pensaba en estar con ella! Pero sólo en sueños. La realidad es difícil: destruye y aniquila todos los sueños. Ahora, quiere deshacerse de ella, y nunca aprenderá na­da. Más tarde o más temprano, volverá a enamorarse de otra mu­jer, y se repetirá lo mismo nuevamente. Lo mismo, sin ninguna diferencia. Otra vez pensará que esta mujer es la persona más hermosa del mundo, otra vez pensará que ya no hay necesidad de buscar a nadie más ahora que está satisfecho, que ha encontrado a la persona justa. Y no se dará cuenta de que se repite el mismo patrón. En unos días, se agotará nuevamente y comenzará a per­seguir a otra persona.

¿Aprendes algo alguna vez? ¿Aprendiste algo alguna vez? Y, si no aprendes, ¿cómo puedes madurar? Y si no aprendes y repites una y otra vez el mismo círculo vicioso, éste se cristaliza cada vez más en tu interior, llega a tus raíces mismas. Éste es el estado de la ignorancia.

Si empiezas a aprender, el círculo se quiebra por algún lado. Entonces, comienzas a ver todo el patrón de tu mente, cómo fun­ciona: primero el amor, después el hartazgo, luego el amor nue­vamente, después el hartazgo. El círculo gira. Y si lo entiendes, un día, la misma comprensión del sinsentido de este circuito te saca del mismo. No debes hacer nada; sólo tienes que comprender, tie­nes que aprender a través de la vida.

Muévete. Vive todas las experiencias que puedas, porque la ex­periencia es el único aprendizaje. Muévete y no tengas miedo; pe­ro aprende: no alcanza con moverse. Estuviste moviéndote y via­jando: eso no sirve. Si te sigues moviendo en un circuito incons­ciente, las cosas quedan cada vez más fijas. Te transformas prác­ticamente en un robot, te vuelves predecible: se puede decir todo acerca de ti...

Aprende a través de la vida; si no, las cosas no van a cambiar. Todo el mundo piensa: "Esta vez va a ser distinto”. Si tú no has cambiado, ¿por qué habría de ser diferente esta vez? Y, si obser­vas detalladamente, te darás cuenta de que no sólo repites el he­cho de enamorarte; te enamoras una y otra vez de la misma cla­se de hombre o de mujer; la misma clase. Así tiene que ser.

Supe de un hombre que se divorció ocho veces. Y, entonces, de repente, tomó consciencia: "¿Qué me está pasando? ¿Me están haciendo una broma, o qué? Porque siempre me enamoro otra vez de la misma clase de mujer”.

Nadie te está haciendo una broma... porque estás eligiendo tú y, si sigues igual y no aprendiste, ¿cómo podrías elegir otra clase de mujer? Volverá a atraerte la misma clase de mujer. Volverás a enamorarte de la misma clase de mujer y, entonces, se repetirá el mismo círculo. Ocho veces u ochenta; no hace ninguna diferen­cia. Si sigues igual, harás lo mismo; volverás a encontrar a la mis­ma persona primero atractiva y luego desagradable.

¡Aprende! Aprende a través de la vida; y la lección más impor­tante es que no ves la realidad tal como es. Proyectas cosas sobre ella y, cuando proyectas, seguro que tarde o temprano te frustra­rás, porque la realidad no encaja con tu proyección. ¿Cómo pue­de la realidad encajar con tu proyección? ¿Quién eres tú? Tú de­bes adaptarte a la realidad; no es la realidad la que debe adaptar­se a tu proyección. Por eso eres desdichado: porque siempre sien­tes que algo sale mal. Nada sale mal. Empiezas con un sueño, y la realidad no cree en tu sueño: eso es todo. ¿Cómo puedes obli­gar a la realidad a que se adapte a tus sueños?...

La realidad es enorme; es el todo. Tú eres sólo una parte y só­lo madurarás cuando dejes de hacer este esfuerzo absurdo. Y a es­to lo denomino sannyas: un hombre o una mujer que ha llegado a descubrir que "la realidad no se puede adaptar a mis sueños; en­tonces, me adaptaré yo a la realidad". De inmediato, se produce una revolución. Si sigues intentando una y otra vez que la realidad se adapte a tus demandas, a tus sueños, a tus deseos, a ti, eres in­fantil. ¿Quién eres tú? Pero esta idea falaz aparece....

Pero recuerda, todo el esfuerzo es erróneo, por una cosa bási­ca: que tratas de forzar la realidad en función de tus sueños. ¿Quién eres tú y cuál es tu sueño? Estás aquí por poco tiempo; la realidad existe sin principio. Tú vas a desaparecer de aquí, y la realidad existirá eternamente. ¿Quién eres tú? Un sueño que exis­te en la realidad durante setenta años. Setenta años no es nada para la realidad; un sueño adentro del sueño que trata de obligar a que la realidad se adapte a él. Todas las utopías son tontas e in­fantiles.

Quienes saben llegaron a aprender que "la realidad no se pue­de modificar; lo único que se puede modificar soy yo". Y, si, uno cambia, de repente uno puede ver: ésta es la pared y esa es la puerta. Entonces, no hará esfuerzos por atravesar la pared; irá ha­cia la puerta. La realidad se vuelve amigable".

Osho, Retorno al origen
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