12 feb. 2008

Siempre que eres inconsciente se fortalecen las perversiones, los des­equilibrios y el caos de la mente

"Un amigo mío tenía un problema con la rabia:
-Estoy muy molesto por esta cuestión -dijo-, y el poco control que tengo sobre la rabia. Enséñame un método para con­trolarla sin tener que hacer algo por mi cuenta, porque estoy a punto de rendirme, no creo que pueda hacer nada. No creo que pueda deshacerme de la rabia con mi propio esfuerzo.
Le di un papel en el que había escrito estas palabras: «Ahora me estoy enfadando».

-Pon este papel en tu bolsillo -le dije- y cada vez que te enfades sácalo, léelo y vuélvelo a guardar.
Y le dije:
-Es lo menos que puedes hacer, es lo mínimo; no puedo darte menos para hacer. Lee este papel y vuelve a guardarlo en tu bolsillo.
Él dijo que lo intentaría.
Al cabo de dos o tres meses, cuando me lo volví a encontrar, le dije:
-¿Qué tal te ha ido?
-Estoy asombrado -respondió-. Ese papel ha funciona­do como si fuese un mantra. Siempre que me enfado lo saco. En cuanto lo saco, mis manos y mis pies se quedan adormecidos. Cuando meto la mano en el bolsillo me doy cuenta de que me estoy enfadando, y hay algo que se relaja en mí; de repente des­aparece el poder que la rabia tenía sobre mí. En cuanto meto la mano en el bolsillo, se relaja y ya ni siquiera necesito leer el pa­pel. Cuando siento que me enfado, empiezo a ver el papel que está en el bolsillo. ¿Cómo es posible que haya podido tener ese efecto el papel? ¿Cuál es el secreto? -me preguntó.
-No hay ningún secreto -le dije-. Es sencillo: siempre que eres inconsciente se fortalecen las perversiones, los des­equilibrios y el caos de la mente. Pero cuando te das cuenta, todo eso desaparece.

La observación tiene dos resultados: en primer lugar, desarro­llas el conocimiento de tus propias energías, y ese conocimien­to te convierte en el amo; y en segundo lugar, disminuye el po­der que esas energías tienen sobre ti. Poco a poco, verás que primero aparece la rabia y después la observas; al cabo de un tiempo, gradualmente empezarás a notar que cuando aparece la rabia aparecerá la atención a la vez. Finalmente, verás que cuando está a punto de aparecer la rabia ya está ahí la atención. El día que aparezca la atención antes que la rabia ya no será po­sible que surja la rabia.

Observar las cosas antes de que ocurran tiene un valor. No tiene valor el lamentarlo, porque esto sucede después y ya no se puede hacer nada. Llorar y lamentarse después es inútil, por­que es imposible deshacer lo que ha sucedido. No hay posibili­dad de volver atrás, no hay ningún camino, ninguna puerta. Pero lo que todavía no ha sucedido se puede cambiar. Lamentar algo no es más que sentir pena por algo que ya ha sucedido. No tie­ne sentido, no es en absoluto inteligente. Te enfadas, eso es un error; y ahora lo lamentas, es otro error más. Te estás alterando innecesariamente. No tiene ningún valor. Lo que necesitas es es­tar atento de antemano. Esa atención se irá desarrollando a me­dida que observes las emociones del corazón".

Osho, El Libro del Hara. El viaje al centro del ser