29 feb. 2008

Siempre que estás enamorado de cosas que fluyen, cosas que se mueven, tienes una visión diferente de la vida

"Lo primero que mi padre me enseñó --y lo único que me enseñó-- fue a amar el pequeño río que discurría al costado de nuestra ciudad. Me enseñó justo esto, a nadar en el río. Eso es todo lo que me enseñó; pero le estoy tremendamente agradecido porque eso produjo muchos cambios en mi vida. Exactamente igual que Siddhartha, me enamoré del río.

Mi rutina diaria era estar en el río por lo menos de cinco a ocho horas. Estaba con el río desde las tres de la mañana; el cielo estaba lleno de estrellas y las estrellas se reflejaban en el agua...

Lo he visto en la oscuridad de la noche estrellada, bailando su curso hacia el océano. Lo he visto con el primer sol naciente. Lo he visto con la luna llena. Lo he visto al anochecer. Lo he visto sentado en la orilla solo, o con amigos, tocando la flauta, bailando en la orilla, meditando en la orilla, remando en un bote o cruzándolo a nado. Durante las lluvias, en invierno, en verano...

Puedo entender a Siddhartha de Herman Hesse y su experiencia con el río. A mi también me sucedió: se revelaron muchas cosas porque, poco a poco, toda la existencia se convirtió en un río para mi. Perdió su solidez; se volvió líquida, fluida.

Y le estoy tremendamente agradecido a mi padre. Nunca me enseñó matemáticas, lengua, gramática, geografía, historia. Nunca estuvo preocupado por mi educación. Tenía otros diez niños... y lo he visto suceder muchas veces, la gente preguntaba: "¿En qué clase está estudiando su hijo?" y él tenía que preguntárselo a alguien porque no lo sabía. Nunca le preocupó ninguna otra educación. La única educación que me dio fue la comunión con el río. Él mismo estaba profundamente enamorado del río.

Siempre que estás enamorado de cosas que fluyen, cosas que se mueven, tienes una visión diferente de la vida. El hombre moderno vive en carreteras de asfalto, edificios de cemento y hormigón. Esos son sustantivos, recuérdalo, no son verbos. Los rascacielos no siguen creciendo; la carretera sigue siendo la misma de día o de noche, sea una noche de luna o una noche totalmente oscura. Esto no le afecta a la carretera asfaltada, no le afecta a los edificios de cemento y hormigón.

El hombre ha creado un mundo de sustantivos y se ha quedado encerrado en su propio mundo. Ha olvidado el mundo de los árboles, el mundo de los ríos, el mundo de las montañas y de las estrellas. Allí no se conocen los sustantivos, no han oído hablar de los sustantivos; sólo conocen los verbos. Todo es un proceso. Dios no es otra cosa que un proceso."


Osho, Autobiografía de un místico espiritualmente incorrecto