15 feb. 2008

Tienes que darte cuenta de que está sucediendo la ira, ¡obsérvala!

"Puedes controlar tu ira, pero, ¿qué harás? La re­primirás. ¿Y qué sucede cuando reprimes algo? La di­rección de un movimiento cambia: iba hacia afuera y si la reprimes empieza a ir hacia adentro; sólo cambia su dirección. Y para la ira era bueno salir, porque el veneno ne­cesita ser arrojado fuera. Es malo que la ira vaya adentro, porque eso significa que envenenará todo tu cuerpo, tu mente, tu estructura...

Los psicólogos dicen ahora que casi el ochenta por ciento de las enfermedades están causadas por las emociones reprimidas: tantos fallos cardíacos significan que ha sido reprimida tanta ira en el cora­zón, tanto odio, que el corazón está envenenado.¿Por qué? ¿Por qué el hombre reprime tanto y se vuelve insano? Porque la sociedad os enseña a con­trolar, no a transformar, y el camino de la transfor­mación es totalmente diferente. Por un motivo: no es en absoluto el camino del control, es justo lo opues­to.

Primero de todo: controlando reprimes, en la transformación expresas. Pero no hay necesidad de ex­presar sobre otra persona, porque esa "otra persona" es irrelevante. La próxima vez que te sientas enfadado, ve y co­rre alrededor de la casa siete veces y después siéntate bajo un árbol y observa a dónde se ha ido la ira. No la has reprimido, no la has controlado, no se la has arro­jado a otro. Porque si se la arrojas a otro se crea una cadena, porque el otro es tan tonto como tú, tan in­consciente como tú. Si se la arrojas a otro, y el otro es una persona Iluminada, no habrá problema; él te ayu­dará a arrojarla y liberarla y pasar por una catarsis. Pero el otro es tan ignorante como tú, ¡ si le arrojas la ira, reaccionará! ¡Te arroja más ira, está tan reprimido como tú! Entonces viene una cadena: tú le arrojas a él, él te arroja a ti, y os hacéis enemigos.

No se la arrojes a nadie. Es igual que cuando tie­nes ganas de vomitar: no vas y vomitas sobre alguien. La ira necesita del vómito. ¡Vete al cuarto de baño y vomita! Si reprimes el vómito, será peligroso, y cuando hayas vomitado te sentirás fresco, te sentirás descarga­do, desahogado, bien, sano. Algo estaba malo en la co­mida que tomaste y el cuerpo lo rechaza, no sigas for­zándolo en tu interior.

La ira es sólo un vómito mental. Has tomado algo que está malo y todo tu ser psíquico quiere echarlo fuera; pero no hay necesidad de arrojárselo a alguien. Sin embargo, como la gente lo arroja sobre los demás, la sociedad les dice que lo controlen.
No hay necesidad de arrojar ira sobre nadie. Pue­des ir al baño, puedes dar un largo paseo. Hay algo dentro que necesita una actividad rápida para ser libe­rado, así que corre un poco y sentirás que se libera; o coge una almohada y golpéala, lucha con la almohada y muerde la almohada hasta que tus manos y dientes estén relajados. En cinco minutos de catarsis te senti­rás descargado, y una vez que sepas esto nunca arroja­rás la ira a nadie, porque es absolutamente innecesario. Lo primero en la transformación es, entonces, ex­presar la ira, pero no sobre nadie, porque si la expre­sas sobre alguien no puedes expresarla totalmente. Puede que quieras matar, pero eso no es posible; puede que quieras morder, pero no es posible. Pero todo eso lo puedes hacer con una almohada; almohada significa "ya iluminada"; la almohada está iluminada, es un Bu­da. La almohada no reaccionará, no irá a ningún juz­gado, no llevará ninguna enemistad contra ti, no hará nada; la almohada será feliz. Y la almohada se reirá de ti...

En la transformación nunca controlas, simplemen­te te vuelves más consciente. Está sucediendo la ira: tienes que darte cuenta de que está sucediendo la ira, ¡obsérvala! Es un bello fenómeno: la energía movién­dose en tu interior, ¡calentándose!...

Si te das cuenta de tu ira, la comprensión penetra; tan sólo observando, sin ningún juicio, s in decir bue­no, sin decir malo, sólo observando en tu cielo interno; hay un relámpago, ira, te sientes caliente, todo el sis­tema nervioso tiembla y se estremece, y sientes una sacudida por todo el cuerpo: un bello momento, porque cuando la energía funciona puedes observarla fácilmente, cuando no está funcionando no puedes obser­var...

Cuando la ira está ahí, mira, observa, y pronto verás un cambio. En el mo­mento en que entra el observador, la ira ya ha empeza­do a refrescarse, se pierde el calor, entonces puedes comprender que el calor lo pones tú; tu identificación con ella la hace caliente, y en el momento en que sientes que no es caliente, que el miedo se ha ido, ya no te sientes identificado con ella, te sientes diferente, a distancia. Está ahí, relampagueando a tu alrededor, pero tú no eres ella. Una colina comienza a surgir ha­cia arriba. Te conviertes en un observador: abajo en el valle hay muchos rayos y relámpagos... la distancia crece más y más... y llega un momento en que, de pronto, no estás unido a ella en absoluto. Se ha roto la identificación, y en el momento en que se rompe la identificación, inmediatamente todo el proceso caliente se convierte en un proceso fresco: la ira se convierte en compasión".


Osho, ...Y llovieron flores. Charlas sobre historias zen