12 feb. 2008

Limpia a cada instante el espejo para que no acumule polvo y entonces el espejo reflejará siempre la vida tal como es

"El presente nunca crea futuro; solamente el pasado crea futuro. Entonces la vida se convierte en algo que se vive momento a mo­mento, sin ninguna continuidad con el pasado; vives en este ins­tante. Cuando este instante ha desaparecido, surge otro instante. Vives otro instante que no ha surgido del momento ya desapareci­do, sino de tu consciencia, de tu estar alerta, de tu sentir, de tu ser. Entonces no hay preocupación, ni sueños, ni imaginación sobre el futuro, ni restos del pasado; uno carece de peso, puedes volar...

¿Qué hay que hacer? Con los pasados karmas que has acumu­lado has de practicar el método de prati-prasav: has de ir hacia atrás, vivirlo, revivirlo, para que esas heridas sean cicatrizadas. Habrás acabado con el pasado; la herida se habrá cerrado.

Lo segundo es que cuando el pasado pendiente sea cancelado, entonces habrás acabado con él. Todos los recuerdos habrán sido quemados, las semillas habrán sido quemadas, como si tú nunca hubieras existido, como si hubieras nacido en este mismo instan­te; fresco, fresco como las gotas de rocío al amanecer. Entonces vives con consciencia. Hicieras lo que hicieras con tus recuerdos pasados, haz ahora lo mismo con tu presente. Revívelo conscien­temente, vive cada instante con consciencia. Si eres capaz de vivir cada instante conscientemente no acumularás karmas, no acumu­larás heridas, no acumularás nada. Vivirás una vida sin cargas.

Éste es el significado de "sannyas": vivir sin cargas. Limpia a cada instante el espejo para que no acumule polvo y entonces el espejo reflejará siempre la vida tal como es. Ser un sannyasin es vivir una vida sin cargas, vivir una vida fuera de la fuerza de la gravedad, vivir una vida con alas, vivir una vida a cielo abierto. En los antiguos, en los viejos libros se dice que un sannyasin es un pájaro en el cielo. ¡Lo es! De la misma forma que los pájaros volando en el cielo no dejan huellas, él no deja huellas. Si cami­nas por la tierra, dejarás huellas.

Un hombre inconsciente camina por la tierra. No sólo por la tierra, sino por la tierra húmeda, dejando huellas: el pasado. Un hombre de consciencia vuela como un pájaro. No deja huellas en el cielo; no deja nada. Si miras hacia atrás sólo hay cielo; si miras hacia delante sólo hay cielo. Sin huellas, sin recuerdos. Cuando digo esto no quiero decir que si un Buda se encuentra contigo, no sea capaz de recordarte. Tiene recuerdos, pero no re­cuerdos psicológicos...

Tiene recuerdos existenciales, pero no tiene recuerdos psicológicos. La distinción es muy sutil.

Por ejemplo: ayer viniste a mí y estabas enfadado. Hoy vienes de nuevo y yo me acordaré de ti porque tú viniste ayer. Recordaré tu cara, te reconoceré, pero no cargaré con la herida de tu ira. Eso es para ti. Yo no cargo con la herida que supone el que estuvieras enfadado. En primer lugar, nunca dejé que surgiera la herida. Cuan­do estabas enfadado, era algo que te estabas haciendo a ti, no a mí. Que yo estuviera allí fue simplemente una coincidencia. Yo no cargo con la herida. No me comportaré como si tú fueras la misma persona que ayer estuvo enfadada. La ira no se entromete­rá entre tú y yo. La ira no coloreará nuestra relación presente. Si la ira coloreara nuestra relación presente, eso sería un recuerdo psicológico; cargaría con una herida.

Y un recuerdo psicológico es un proceso de auténtica falsifi­cación. Tú puedes haber venido para solicitar ser perdonado y si yo estoy cargando con la herida no podré ver tu rostro actual que ha venido a por el perdón, que ha venido arrepentido. Si veo el antiguo rostro del ayer todavía veré tu ira en tus ojos, todavía veré al enemigo en ti. Y si te has arrepentido, ya no eres el enemigo. No pudiste dormir durante toda la noche y has venido para ser perdonado. Y yo me comportaré así porque proyectaré el ayer sobre tu rostro. El ayer destruirá completamente la posibilidad del nuevo ser que ha nacido. No aceptaré tu arrepentimiento, no aceptaré que estás arrepentido. Pensaré que eres astuto, pensaré que tras ello hay algo más debido a que la ira-el rostro de un hombre enojado-está todavía presente entre tú y yo. Y puede que lo proyecte tanto que sea imposible para ti arrepentirte. O puede que lo proyecte tan intensamente que te olvides por com­pleto de que has venido para pedir perdón. Mi comportamiento puede convertirse de nuevo en una situación en la cual te vuelvas a enfadar. Y si te vuelves a enfadar, mi proyección será reforzada, fortalecida. Esto es el recuerdo psicológico".

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV
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