29 jul. 2016

Las necesidades son muy pocas y hermosas. Los deseos son feos y convierten en monstruos a los hombres. Crean personas dementes.

"Los deseos son muchos, las necesidades pocas. Las necesidades se pueden satisfacer; los deseos, nunca. Un deseo es una necesidad que ha enloquecido. Es imposible satisfacerlo. Cuanto más lo intentáis, más pide y pide y pide.

Hay una historia sufí que cuenta que cuando Alejandro murió y llegó al cielo, iba cargado con todo su peso  --su reino entero, oro, diamantes--, desde luego,  no en realidad, simbólicamente. Iba demasiado cargado por ser Alejandro.

El guardián de la puerta se puso a reír y preguntó: "¿Por qué llevas tanta carga?"  Alejandro repuso: "¿Qué carga?".  De modo que el guardián le dio una balanza y puso un ojo en un extremo. Le dijo a Alejandro que pusiera todo su peso, toda su grandeza, tesoros y reino en el otro extremo de la balanza. Pero ese único ojo seguía siendo más pesado que todo su reino.

"Este es un ojo humano", informó el guardián de la puerta. "Representa el deseo humano. No se puede satisfacer, sin importar lo grandes que sean el reino y tus esfuerzos". Entonces el guardián arrojó un poco de polvo sobre el ojo. Este de inmediato parpadeó y perdió todo su peso.

Sobre el ojo del deseo hay que echar un poco de polvo de comprensión. El deseo desaparece y únicamente permanecen las necesidades, que no son pesadas. Las necesidades son muy pocas y hermosas. Los deseos son feos y convierten en monstruos a los hombres.  Crean personas dementes. 

En cuanto aprendáis cómo elegir lo apacible, una habitación pequeña bastará; una cantidad pequeña de comida bastará, unas pocas prendas de vestir bastarán; un amante, un hombre muy corriente, podrá bastar como amante. Pero si continúas pidiendo más y más, hasta el hombre más hermoso tarde o temprano estará acabado. Vuestro deseo continúa y continúa. No conoce fin".

Osho, Día a día. 365 meditaciones para el aquí y el ahora
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