10 nov. 2010

¿Has visto a algún hombre que nunca haya sufrido?

"Siempre decimos: bienaventurado el hombre que no ha sufrido. Pero ¿has visto a algún hombre que nunca haya sufrido? Si alguna vez conoces a un hombre así, te parecerá juvenil, infantil, sin crecimiento, sin profundidad, sin conciencia; será un idiota. Nunca podrías decir que es un bienaventurado.

Sólo uno que nunca ha tratado de vivir, que ha evitado la vida, puede librarse del sufrimiento. Por eso en las familias muy ricas sólo nacen idiotas, por lo mucho que los protegen. Y cuando proteges tanto a alguien, no lo proteges de la muerte, lo proteges de la vida. Pero éste es el problema: si quieres proteger a alguien de la muerte, debes protegerlo de la vida, porque la vida lleva a la muerte. De modo que, si temes morir, no vivas -esto es lógica simple-, no estés vivo si temes morir; corta todas las dimensiones en las que existe la vida. Entonces, puedes simplemente vegetar...

Ése es el infortunio más grande que le puede tocar a nadie, porque nunca crecerá en conciencia ni en madurez; y no tendrá capas superiores de conciencia, porque esas capas sólo llegan a existir cuando se las desafía. El sufrimiento es un desafío, cuando sufres eres desafiado, cuando hay un problema eres desafiado. Sólo creces cuando enfrentas el problema. Más inseguridad, más crecimiento; más seguridad, menos crecimiento. Si todo lo que te rodea es seguro, ya estás en tu tumba, ya estás muerto. La vida existe en el peligro, la vida existe en la posibilidad de descarriarse. Pero el que se desacarría puede regresar, el que fracasa puede triunfar.

Napoleón fue derrotado. Escribió una hermosa frase en su diario -a veces los locos son capaces de hermosas observaciones-, dijo: "Sólo se perdió un combate, sólo se perdió una batalla, no la guerra". Pero si quieres ganar la guerra tendrás que perder muchas batallas. Si temes perder una batalla, nunca entrarás en la guerra, es imposible que lo hagas.

Siempre que fracasas en algo, no será un fracaso definitivo, puedes trascenderlo. No hace falta que te vuelva a ocurrir, no hace falta que la próxima vez vuelvas a cometer el mismo error, la misma equivocación, no hace falta que la próxima vez vuelvas a actuar en el sufrimiento. El hombre sabio sufre tanto como el que no lo es, pero cada vez sufre de una manera distinta. El hombre sabio comete tantos errores como el estúpido, incluso más; pero no comete siempre los mismos errores...

No te protejas del sufrimiento; más bien, al contrario, entra al sufrimiento con tanta conciencia como te sea posible. ¡Acepta el desafío, enfréntalo! Te hará crecer. Intenta trascenderlo, ve más allá. No tengas miedo. Si temes, ya estás muriendo... El que sufre se vuelve más alerta, y estar alerta es la llave del templo de la vida. Cuanto más alerta estés, más consciente estarás".

Osho, La semilla de la mostaza

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