27 nov. 2010

Nunca te has preocupado de darte cuenta que tú eres el responsable de haber elegido a esa mujer

"No existe la mujer de tu vida, ni el hombre de tu vida, nadie los ha encontrado, jamás. Pero sí existe la fantasía de encontrarlos...Cuando se enamoran, todas las parejas piensan que están hechos el uno para el otro, que han encontrado a la persona con la que siempre habían soñado. Es la persona en la que siempre habían pensado, que siempre habían deseado, pero cuando acaba la luna de miel sabes que estás atrapado con una persona que no te conviene, que no estáis hechos el uno para el otro.

Sin embargo, sigues fantaseando: "¿A lo mejor con otra mujer...?", porque en el mundo hay tantas mujeres, tantos hombres...Esta vez te has equivocado, pero quizá la siguiente...

Un amigo mío se casó tres veces...Echó a perder casi toda su vida por culpa de las mujeres...

De modo que mi amigo siguió pensando que mañana podía ser diferente. Cambió de esposa en tres ocasiones, y siempre me decía:

- Esta vez no voy a enamorarme de una mujer como la que voy a abandonar. ¡Menuda bruja!

Y yo le replicaba:

- Siempre te enamorarás de una auténtica bruja.

Un día me dijo:

- Qué cosa más rara. Fíjate, resulta que siempre tienes razón. La segunda mujer era tan bruja como la primera, y la tercera tan bruja como las demás. ¿Cómo puedes predecirlo?

Le contesté:

- Yo no lo predigo, no soy astrólogo. Sencillamente, te conozco. Sé qué clase de mujer te atrae. ¿Por qué te enamoraste de la primera? ¿Has analizado qué cualidades de esa mujer te atrajeron, te has parado a pensarlo? ¿Y quién te va a encontrar a esa otra mujer? Tú, y nadie más que tú, y te volverás a sentir atraído por lo mismo. No has cambiado, ni ha cambiado lo que te atrae. Nunca te has preocupado de darte cuenta que tú eres el responsable de haber elegido a esa mujer. Por eso has adquirido el mismo producto tres veces, una vez, y otra y otra. No es cuestión de divorcio, ni cuestión de cambiar de mujer. De lo que se trata es de que cambies tu mente".

Osho, El libro del ego