13 mar. 2013

Cuando tengas ganas de dar, ¡da! Cuando tengas ganas de compartir, ¡comparte! Cuando tengas ganas de renunciar, ¡renuncia! Cuando tengas ganas de hacer los votos de sannyas, ¡hazlos!

     "Mark Twain escribió que una vez fue a una convención a oír hablar a un pastor protestante. Al cabo de cinco minutos, impresionado y conmovido, decidió donar a la causa del pastor los cien dólares que llevaba encima. Diez minutos después le surgió el pensamiento de que cien dólares era demasiado; con cincuenta bastaría. Pero en el momento en que apareció el pensamiento de los cien dólares, perdió toda conexión con el clérigo, pues el diálogo interior le tenía ocupado por entero. Antes de que transcurriese media hora, la donación había bajado a cinco dólares. Cuando la conferencia terminó, pensó: "Nadie sabe que tenía la intención de donar cien dólares. Además, ¿quién da tanto? La gente por lo general no da nada. Yo creo que con un dólar es más que suficiente". Cuando le pasaron la cesta, escribe: "En vez de sacar un dólar del bolsillo, lo que hice fue tomar uno de la bandeja... No me vio nadie, absolutamente nadie. Nadie lo sabrá jamás".
     No confíes demasiado en que harás lo correcto; con frecuencia es muy difícil. En ciertos momentos, cuando te sientes pletórico, surge en ti el impulso de hacer el bien; pero si pierdes esa oportunidad, quizá no vuelva nunca. Nunca cedas a los pensamientos de superioridad moral, pues lo auspicioso es precisamente algo sobre lo que no se puede pensar, sólo se puede actuar en consonancia con ello. Cuando tengas ganas de dar, ¡da!  Cuando tengas ganas de compartir, ¡comparte!  Cuando tengas ganas de renunciar, ¡renuncia!  Cuando tengas ganas de hacer los votos de sannyas, ¡hazlos! No pierdas un momento, porque nadie sabe cuándo volverá a presentarse ese momento en tu vida, o ni tan siquiera si se presentará jamás.
     Y cuando lo desfavorable, lo perverso, surja dentro de ti, ¡párate! Posponlo durante veinticuatro horas. Tómalo como norma: si quieres hacer daño a alguien, hazlo un día después. ¿Qué prisa tienes?...
     Si puedes posponer un acto negativo tan sólo un día, no serás capaz de llevarlo a cabo, porque el ímpetu de hacer daño es momentáneo. Lo mismo que el impulso de hacer el bien llega de repente, también el de hacer el mal dura sólo un momento, y, si eres capaz de no actuar en ese momento, pronto te darás cuenta de lo absurda que habría sido tu acción. Refrena a un asesino durante un segundo, y no podrá matar. Si un hombre va a saltar de un puente, interrúmpelo durante unos momentos y ya no intentará suicidarse. Ciertos actos son posibles sólo en ciertos momentos. Dentro de ti hay momentos tanto de burda insensibilidad como de intensa consciencia.
     En los momentos de mayor consciencia te sientes lleno de amor y creatividad; en los momentos de intensa insensibilidad eres presa de la destrucción sin sentido".

Osho, El verdadero nombre. La melodía de la existencia
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