9 may. 2009

En este mundo nuestro, maltratamos tanto a los vivos que sólo tras su muerte podemos pedirles perdón

"Mientras estamos vivos sólo podemos herirnos el uno al otro y convertir la vida en común en un infierno. Y, claro, tras la muerte del otro empezamos a arrepentirnos. El esposo parece amar más a su esposa cuando ésta ha muerto. ¡Nunca se mostró tan cariñoso en vida de la difunta! Ése es el principio del arrepentimiento: las cosas empiezan a moverse exactamente en la dirección contraria.

Sea como sea que el hijo ha tratado a su padre durante la vida de éste, empezará a comportarse de manera muy distinta tras su muerte. Tal vez no respetó a su padre mientras estuvo vivo, pero en cuanto haya muerto el hijo sacará la foto del padre y las enguirnaldará. Nunca sirvió al padre mientras éste estuvo vivo y en su cuerpo, pero tras su muerte reunirá sus cenizas y las llevará al Ganges. Si su padre le hubiese pedido que le llevase de peregrinación al Ganges mientras estuvo vivo, el hijo nunca habría querido, ¡pero ahora se siente orgulloso de llevar a su padre muerto hasta allí!.

En este mundo nuestro, maltratamos tanto a los vivos que sólo tras su muerte podemos pedirles perdón, y de eso es de lo que trata todo este asunto. Así que la esposa puede hacer por el esposo muerto, el esposo por la mujer muerta, el hijo por el padre muerto, o por la madre muerta, lo que ninguno de ellos haría por sí mismo".

Osho, Guerra y paz interiores
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