6 jul. 2017

En la vida estamos dispuestos a esperar varios años por cosas insignificantes y sin importancia.

"Un hombre está a la orilla del río y dice:

- Quiero aprender a nadar.

- Ven, métete en el agua -dice el profesor.

- No me voy a meter hasta que no sepa nadar. No quiero tentar a la suerte. Cuando aprenda a nadar, estaré listo para meterme en el agua, pero hasta ese momento no.

Es muy difícil que aprenda a nadar, porque, para hacerlo, tiene que meterse en el agua, y la primera vez tendrá que hacerlo sin saber nadar. Sólo puede aprender a nadar metiéndose en el agua...

La gente dice que quiere meditar y encontrar la paz última. ¿Cómo se consigue? ¿Está escondido en un sitio y tienes que ir a buscarlo? No, no está escondido en ningún sitio; sólo se consigue haciendo un esfuerzo total y absoluto. Tú mismo lo creas; si lo intentas, lo conseguirás. Si hoy mueves los brazos y las piernas, mañana habrá un ligero progreso, y al día siguiente más, hasta que llegue un momento en que te des cuenta de que el chapoteo se ha convertido en nadar.

¿Qué es nadar? Es chapotear con las piernas y los brazos con un poco más de estilo, de una forma organizada. Cuando tiras a alguien al agua por primera vez, también chapotea. La diferencia respecto a nadar es que el movimiento de los brazos y las piernas está descoordinado, pero se coordina con la práctica diaria.

Hoy, cuando te sientes a meditar, la resolución estará descoordinada. Mañana estará un poco mejor. Pasado mañana habrá progresado. ¿Qué prisa tienes? ¿Por qué quieres que suceda hoy? En la vida estamos dispuestos a esperar varios años por cosas insignificantes y sin importancia.

El primer punto: la resolución.

El segundo punto: la resolución no llega con la comprensión, sino con el esfuerzo, con la acción.

Y tercer punto: la paciencia es la mayor virtud en el desarrollo de la resolución. No ocurrirá sólo porque tú lo quieras. Hay que tener grandes dosis de paciencia y serenidad...

Los niños a veces plantan las semillas de mango. Al cabo de un rato las desentierran para ver si han germinado o no. Están impacientes, quieren que el tiempo pase deprisa... Para que una semilla pueda germinar tiene que estar bajo tierra. Hay que dejarla tranquila y a oscuras para que rompa la cáscara y se abra.

Nosotros somos como niños pequeños. Preguntamos: "¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo?" durante dos o tres minutos y luego decimos: "No ha pasado nada todavía". Has desenterrado la semilla...

Recuerda estos tres puntos: tienes que tener resolución, para conseguirla tienes que hacer un esfuerzo y, cuando lo hagas, tienes que tener paciencia. Si cumples estos tres requisitos, sin duda la meta estará próxima".

Osho, En busca de la paz