15 oct. 2008

Muchas enfermedades, el no­venta por ciento, tienen su origen en la mente

"Si tienes fiebre, vete al médico, toma la medicina, cuida del cuerpo, ¡Y eso es todo! ¿Por qué crear otra fiebre que ningún doctor puede tratar? Esta fiebre del cuerpo puede ser tratada, pero si te preocupas dema­siado se crea otra fiebre; esa fiebre es más profunda: ningún doctor puede ayudarte con ella.

Y éste es el problema: puede que el cuerpo se ponga bien pronto, pero la otra fiebre puede conti­nuar; y la otra fiebre puede seguir, y puede que sientas que el cuerpo está aún enfermo. Esto sucede todos los días. La enfermedad desaparece del cuerpo, pero no de la mente, y la mente la mantiene. Ha sucedido muchas veces.

Una vez alguien me contó sobre un amigo suyo borracho. Andaba con muletas, no podía andar sin ellas. Había estado con muletas durante muchos años, desde que tuvo un accidente veinte años antes. Enton­ces, un día que había bebido demasiado, se olvidó de las muletas y salió a dar un paseo. Después de una ho­ra volvió lleno de pánico; dijo: "¿Dónde están mis mu­letas? ¡No puedo andar sin ellas! Debo haber bebido demasiado" .

Pero si puedes andar mientras estás borracho, ¿por qué no cuando no estás borracho?

Ocasionalmente ha ocurrido que alguien que esta­ba paralítico, cuando su casa se incendia y todo el mundo sale corriendo, el hombre que estaba paralítico y no podía salir de su cama, que tenía que hacerlo to­do en la cama, él también sale corriendo; porque se ol­vida. La casa está ardiendo: se olvida completamente de que está paralítico. En ese olvido no está paralítico. Y fuera de la casa, la familia le mira y dicen: "¿Qué estás haciendo? ¡Cómo puedes correr!", y se cae; vuelve a recordar.

Puede que estés creando muchas enfermedades, no porque el cuerpo esté enfermo, sino porque la mente lleva la semilla; de forma que una vez que sucede una enfermedad, la mente lleva la semilla y sigue proyec­tándola una y otra vez. Muchas enfermedades, el no­venta por ciento, tienen su origen en la mente.


El exceso de preocupación por ti mismo es la ma­yor enfermedad posible. No puedes ser feliz, no pue­des disfrutar. ¿Cómo vas a disfrutar? ¡Con tantos pro­blemas dentro! ¡Problemas y problemas y problemas y nada más! Y no parece haber solución. ¿Qué hacer? ¡Te vuelves loco! Por dentro todo el mundo está loco...

Se cuenta de Mark Twain que una vez, en la cena de una fiesta, de pronto le entró pánico y dijo: "Lo siento, tengo que irme; y tendrán que llamar a un doc­tor. Parece que mi pierna derecha se ha quedado para­lizada".

La señora que estaba sentada a su lado se echó a reír y dijo: "No se preocupe, ha estado pellizcando mi pierna".

Entonces Mark Twain explicó: "Una vez, hace veinte años, un médico me dijo: 'Un día u otro se quedará paralítico del lado derecho', así que desde en­tonces he estado pellizcándome la pierna derecha; siempre lo hago veinte o treinta veces al día. Justo ahora me estaba pellizcando y..." -estaba pellizcando la pierna de otra persona.

¿Pero por qué seguir pellizcando? ¿Por qué preo­cuparse por la parálisis? Es todavía peor enfermedad pellizcarse la pierna treinta veces al día durante veinte años; ¡es peor que una parálisis! La parálisis sucede una vez; esto está sucediendo treinta veces al día du­rante veinte años.

Se dice que un valiente muere una vez y que los cobardes mueren millones de veces: porque siguen pe­llizcándose con la aprensión de si ya están muertos o no.

Tus enfermedades te ayudan a retener tu ego. Sientes que está sucediendo algo; por supuesto, no la dicha, no el éxtasis, sino la tristeza y el "nadie es más triste que yo", y el "nadie está tan bloqueado como yo", y el "nadie tiene tal jaqueca como la que yo tengo"; ¡ahí te sientes superior, todos los demás son inferiores!

Si estás demasiado interesado en ti mismo, recuer­da, no llegarás. Esta preocupación excesiva te cerrará, y el Camino está justo ante tus ojos. Tienes que abrir los ojos, no cerrarlos".


Osho, ...Y llovieron flores. Historias y enseñanzas zen
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