9 oct. 2016

Si has vivido con alegría, también estarás preparado para darle la bienvenida a la muerte ¡e invitarla a bailar!

"La vida tiene que ser una alegría, un baile, una fiesta. Cuando llegue la muerte, le daremos la bienvenida en silencio y serenamente, de todo corazón, sin guardarnos nada. Es la forma de matar a la muerte misma. 

Si has vivido con alegría, también estarás preparado para darle la bienvenida a la muerte ¡e invitarla a bailar!  La muerte sólo tiene poder sobre el que no ha vivido, sobre el que no ha tenido el valor de relajarse profundamente en el momento de la muerte, sin miedo, porque ni un accidente, ni una enfermedad, pueden hacer mella en tu conciencia; tú siempre estás intacto.

El problema es que la gente vive la vida inconscientemente, sufriendo, con mucha angustia y ansiedad, y esto les impide permanecer conscientes. Encuentran otras formas de estar inconscientes: las drogas y todo lo que provoque inconsciencia. Pero cuando llega la muerte, entran en un coma profundo. El miedo a la muerte, la presencia de la muerte, les hace estar inconscientes sin que haya que anestesiar.

La muerte sólo le ocurre a este tipo de personas. De lo contrario, la muerte es una falacia...

La muerte está al servicio de la vida. La vida nunca muere. Sin embargo, sigues actuando inconscientemente sin saber por qué lo haces. Te mueves porque los demás lo hacen,  pero no sabes dónde vas ni para qué. Sigues viviendo porque los demás lo hacen, pero sin conciencia...

Sólo una persona despierta puede despertarte, sacudirte para que tomes consciencia de que lo que estás haciendo no es vivir. Es sólo una muerte lenta que terminará cuando cumplas setenta o setenta y cinco años. Vas muriendo cada día, en cada momento...

Así es tu vida...¿Por qué haces las cosas? ¿Por qué compras algo? ¿Cómo usas tu vida? No eres consciente de nada. Pareces un sonámbulo que camina dormido. Todo el mundo puede engañarte --lo hacen los políticos y lo hacen los sacerdotes--, pero en tu inconsciente todo esto es natural. No pueden aprovecharse de un hombre despierto.

Realmente, sólo un hombre despierto está vivo. Las personas que están realmente vivas mueren en paz, en silencio, con una sonrisa en la cara".

OSHO, Una nueva arca de Noé